Del Concepto de Fertirrigación al de Nutrición de Cultivos


Dr. Francisco Camacho Ferre

Universidad de Almería, España

Conferencista del 5°CINFVA de Intagri, 2016

 Camacho

En las horticulturas protegidas, en los últimos 40 años, de un modo paulatino se han ido cambiando los sistemas de riego por gravedad, superficie o inundación, por el riego localizado de alta frecuencia o riego por goteo. El objetivo fundamental del cambio ha sido buscar una mayor eficiencia en el agua de riego aplicada a los cultivos, pasando de modo general de eficiencias del entorno del 60% a las de 90%. Esta eficiencia, no solo ha afectado al agua, también a los procesos de nutrición de la planta, donde se han afinado las cantidades de nutrientes aportados al objeto de no afectar al medio de cultivo a la vez que se obtenía el mayor rendimiento posible al vegetal.

En los riegos por superficie, la aplicación de los fertilizantes de cobertera al cultivo, se iban incorporando a través de un operario que se colocaba en la cabecera del sistema de distribución de agua en la parcela, e iba soltando, de modo manual, la mezcla de fertilizantes previamente preparada. Una mejora del proceso de fertilización en cobertera en riego a pie, consistía en hacer la mezcla de los fertilizantes, colocándolos en una abonadora, fabricada en madera y forrada con plástico, con forma troncopiramidal invertida, saliendo por la base menor, la más pegada al suelo, una pequeña tubería a la que se le colocaba una malla plástica, de modo que el fertilizante sólido caía por gravedad sobre la misma, ésta se sumergía en el agua de la reguera y el fertilizante era arrastrado por ella. Dependiendo de la longitud de malla que se sumergiera en el lugar en que el agua iba circulando, se calculaba la concentración de fertilizante que íbamos diluyendo.

Tanto un modo como otro era un sistema de fertirrigar (aplicación de fertilizantes disueltos en agua de riego), cambiando sistemas de incorporación de fertilizante al suelo por incorporación de fertilizantes al agua de riego.

En riego por goteo, dadas las características del mismo, no es posible pensar de un modo separado entre lo que es incorporación de agua al cultivo y lo que es incorporación de fertilizante, por tanto el riego localizado de alta frecuencia lleva implícito el concepto fertirrigar. Por lo explicado anteriormente, “fertirrigación” tal como se entiende en la actualidad, no es nuevo y los criterios para su aplicación ha estado y están en continua revisión.

 Riego

Figura 1. En riego por goteo, dadas las características del mismo, no es posible pensar de un modo separado entre lo que es incorporación de agua al cultivo y lo que es incorporación de fertilizante, por tanto el riego localizado de alta frecuencia lleva implícito el concepto fertirrigar.

Es importante advertir, que para obtener la mejor respuesta de la fertirrigación, ésta se debe de hacer sobre cultivos implantados en suelos en que haya unas condiciones normales de fertilidad, entendiendo como tal, que los contenidos en materia orgánica, macros y micros estén a niveles convenientes. Si partimos de un suelo equilibrado, la aplicación de nutrientes al mismo, irá dirigida a que los tomen las plantas, de modo que se darán las cantidades que éstas necesitan, pero ¿cuáles son esas cantidades?.

Uno de los criterios que se empezó a utilizar en su día era aportarle a la planta los nutrientes, de modo que se aplicara la cantidad que ésta consume para su crecimiento y desarrollo a lo largo de todo su ciclo de cultivo. Son muchas las referencias existentes en nuestra bibliografía donde se nos dice que 1 tonelada de cosecha extrae “x” cantidad de nitrógeno, “y” de fósforo, “z” de potasio, etc. Esos datos que nos suministran están documentados en diversos análisis de producción que se han hecho concienzudamente con un número determinado de variedades, en unas condiciones determinadas de cultivo y por varios años. Las preguntas que un técnico se hace cuando va a tomar una decisión de este tipo son: ¿se parecen las variedades sobre las que se han obtenido estos datos a la que yo voy a utilizar?, ¿potencialmente la capacidad productiva de las variedades empleadas es similar a la que yo estoy trabajando?, ¿las características del agua de riego empleada son similares a las mías?, ¿qué pasó y en qué cantidad fue el resto de la biomasa obtenida en la planta?, ¿las condiciones agroambientales en las que se trabajó difieren mucho  o son similares a las que tengo?, ¿el ciclo de cultivo fue igual, superior o inferior al que tengo previsto?.

Por todas las anteriores interrogantes, está claro, que el planteamiento de cubrir las necesidades es más un planteamiento teórico que otra cosa, porque aportamos según nos comunican los investigadores que han trabajado en ello lo que la planta extrae, pero muy pocas veces vienen resueltas las interrogantes planteadas. En definitiva, estamos adoptando una decisión de incorporación de nutrientes a la planta, en función de una producción esperada a la que no sabemos si llegaremos o nos pasaremos y en unas condiciones de cultivo que igual se parecen o no a las que nos indican. Como se puede  apreciar este concepto es muy cuantitativo.

Otro modo de aportar el fertilizante al cultivo es a través de una solución donde hayamos equilibrado iónicamente los elementos nutritivos que aportamos a la planta, es un criterio más de fisiología de la misma, donde se tiene en cuenta la relación de absorción de aniones y cationes. Este criterio es el que se emplea normalmente en los cultivos sin suelo y poco a poco se ha ido extendiendo a todos los cultivos en que se fertirriga en la horticultura intensiva. No olvidemos, que a excepción de sistemas “solo agua”, como pueden ser el NFT o el NGS, todos los demás, incluidos perlita y lana de roca, a las pocas semanas se han convertido en sustratos orgánicos, igual que lo es el suelo, de modo que el juego a hacer con los equilibrios iónicos en la solución nutritiva tiene un dinamismo bastante parecido al que pueda haber en los suelos.

 
 Mejor Respuesta

Figura 2. Para obtener la mejor respuesta de la fertirrigación, ésta se debe de hacer sobre cultivos implantados en suelos en que haya unas condiciones normales de fertilidad, entendiendo como tal, que los contenidos en materia orgánica, macros y micros estén a niveles convenientes.

Esta actuación nos lleva a trabajar con el concepto de “nutrición vegetal”, o también llamado “nutrición mineral de las plantas” a saber: el de mecanismos y procesos por los que la planta recibe del medio los elementos necesarios para su ciclo vital, a partir de los cuales genera energía y elimina sustancias de desecho.

Un modo sencillo, para comprender el modo de actuar según este criterio, habría que verlo en la perspectiva de ver el suelo como la “caja” donde realizamos un balance de materia con todo lo que son elementos “nutritivos para la plantas”. Hemos comentado que es importante el tener el suelo en condiciones normales de fertilidad, esas condiciones normales nos llevarían “en teoría” a un suelo que mantendría la sostenibilidad productiva a lo largo del tiempo, pues bien, si tengo ese suelo con potencialidad agronómica, mi deber es mantenerlo. Para ello, se aporta al suelo lo que la planta extrae, más la mineralización de la materia orgánica, por tanto al final de campaña, el suelo debe de tener, desde el punto de vista de elementos minerales, la misma cantidad que cuando iniciamos.

Ese seguimiento en el proceso, se realiza a través de análisis anuales, los resultados de los citados análisis son el documento base donde realizar las correcciones oportunas para mantener las sostenibilidad de potencial productivo del suelo. Para ello hay que evitar al máximo que se produzcan reacciones químicas entre los elementos minerales nutritivos que aporto y los que están en el suelo. Esta situación se maximiza, si doy la solución nutritiva en el entorno en que es más fácilmente asimilable a la planta, así como proximidad del aporte en el lugar de absorción, de modo que la planta extrae de ese lugar los elementos nutritivos ya que le es más fácil y tiene menos consumo de energía que si lo hace de otro lugar o en condiciones más adversas. En definitiva se trata de tener “una caja” (suelo), con una cantidad de nutrientes que se considera adecuado para la potencialidad productiva vegetal (condiciones normales de fertilidad), donde metemos en la caja lo que la planta extrae más la mineralización de la materia orgánica, de modo que haga el máximo uso de esos elementos y, al final de la campaña, el balance entre lo que la planta ha extraído y lo que hemos aportado sea cero, con lo cual los elementos que hay en la caja se mantienen con la misma potencialidad agronómica a lo largo del tiempo. Ese balance de materia fertilizante cero, lo contractaremos anualmente con los pertinentes análisis químicos de los suelos.

Se puede aducir, que los criterios vertidos aquí “pueden considerarse” bastante teóricos ni más ni menos que lo son los conceptos tradicionales que se adujeron al principio, pero aquí con una ventaja, que esos sistemas son extrapolados de los cultivos sin suelo, sin inercia, y que la inercia del suelo siempre va a jugar a favor de ese modo de actuar, es algo que dicta el sentido común como sucede con la nutrición de cualquier ser vivo. Los muchos resultados que ya se han obtenido y que se están obteniendo en muchos lugares del planeta donde cultiva en intensivo el suelo y que están adoptando estos criterios de nutrición a los cultivos, debido a la facilidad de ponerlos en práctica que aporta los modernos cabezales de riego por goteo.

Nutrición de cultivos

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